martes, 27 de enero de 2009

Corazón de melón


Dulce, nutritivo e hipocalórico, el melón es la fruta indicada para quienes buscan saciar sus ganas de comer algo rico y fresco, en pleno auge estival.

Compañero inseparable del verano, el melón es una excelente opción cuando las tórridas temperaturas estivales arremeten con furia. Dulce, fácil de comer, escaso en calorías y súper nutritivo, es una de las alternativas más tentadoras a la hora de saciar las ganas de algo rico.
Su origen todavía está en discusión. Mientras algunos afirman que es oriundo de Asia Central, otros sitúan su génesis en el continente africano. Se hallaron representaciones de este fruto en tumbas egipcias del 2.400 a.C. En la antigüedad, fue descrito como la obra maestra de Apolo y alabado por ser una fruta tan beneficiosa como el sol, y en el siglo III, los manuales de horticultura romanos daban instrucciones sobre su cultivo. Por aquellos años se servía la fruta espolvoreada con almizcle para acentuar su sabor.
Una antigua creencia árabe reza que el que sacie su estómago con melones, se llenará de luz. Los melones aparecieron en Francia a finales del siglo XV y eran consumidos en grandes cantidades por la corte donde se servían en forma de pirámides y se acompañaban de moscatel.
Colón los introdujo en América, cuando su tamaño era similar al de una naranja, pero a lo largo de los siglos sus dimensiones aumentaron y sus variedades se diversificaron. Actualmente, las cartas de los restaurantes más tradicionales lo incluyen en sus entradas, en tándem con un suculento Prosciutto di Parma o un jamón ibérico, los puestos distribuidos en las playas lo incorporan (solo o con otras combinaciones frutales) en refrescantes licuados y ensaladas de frutas, algunos lo utilizan como base para preparar granitas, chutneys, o cubeteado como final de una mesa fresca y vital.
De sabor dulce y refrescante, el melón es uno de los frutos de mayor tamaño. Su forma -que puede ser esférica, ovalada o alargada- depende de la variedad, pesa entre 800 gramos y 4 kilos, su corteza puede ser verde, amarilla, anaranjada o blanca, y su pulpa adquiere tonos que van desde el blanco, amarillo, anaranjado, hasta el verdoso.
En el centro alberga una cavidad repleta de semillas. El 80% de su composición es agua, y presenta una cantidad moderada de azúcares, lo cual aporta pocas calorías. Además, posee propiedades antioxidantes -por su alto contenido de betacaroteno- y minerales como potasio, magnesio, calcio, sodio, y vitamina C, sobre todo en los melones reticulados.
Para determinar si un melón está maduro hay que fijarse que su aspecto sea firme y sin marcas, su piel no esté verde, el aroma delicadamente dulce, y la piel de la base debe ceder ligeramente a la presión de la yema de los dedos. Cuando alcanza este punto, debe consumirse cuanto antes ya que se deteriora rapidamente. Se conserva en la heladera cubierto con papel film para no invadir los demás alimentos ni absorber su sabor.

Fuente: Cuisine & Vins

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