viernes, 29 de noviembre de 2013

Diseñan protocolo de sustentabilidad para evaluar a las bodegas

Se trata del primer paso en busca de que la eficiencia se convierta en una norma de calidad y, por ende, valor agregado para la industria vitivinícola argentina. Al menos 10 bodegas ya emprendieron el proceso de cumplir con el llamado Protocolo de Sustentabilidad, una iniciativa con pretensión de transformarse en certificación, un sello distintivo con peso en los mercados mundiales que ya explotan otros países del Grupo Mundial de Comercio del Vino.

Por ahora está orientado a establecimientos con "alto grado de desarrollo en sistemas de gestión y exportan a mercados exigentes", explican desde Bodegas de Argentina sobre la herramienta, que es de adhesión voluntaria.

Con un manual de uso disponible inspirado en la experiencia de California y una vez listo el primer diagnóstico (en 2014), será el turno de diseñar un protocolo básico de Gestión Sustentable, es decir, para firmas que aún no incursionaron en la materia, sobre todo pymes y viñateros. Hay una certeza de que el compromiso conlleva ventajas comerciales y abre puertas en los mercados mundiales.

Según Luis Romito, coordinador de la Comisión de Sustentabilidad que trabajó en el documento junto a la Facultad de Ciencias Agrarias, INTA e INV, "el protocolo sirve para que las bodegas se autoevalúen tomando parámetros de sustentabilidad económica, ambiental y social, tanto en bodega como en viñedo. Es un documento globalizador que va desde el recurso humano y la sanidad vitícola, hasta las compras, la relación con el ambiente, tratamiento de efluentes y uso de la energía. Las bodegas deben comprometerse con una producción más limpia".

Para eso, hay un incentivo importante: a través del Programa Producción Más Limpia, la Secretaría de Recursos Naturales y Desarrollo Sustentable de la Nación otorga un subsidio de u$s 28 mil para bodegas que se comprometan a realizar diagnósticos energéticos y en la producción de insumos relacionados, y trabajar en consecuencia.

El tiempo no para. Los interesados deben superar 136 criterios de evaluación y permitir que Argentina recupere terreno, como el único de los miembros del Grupo Mundial de Comercio del Vino rezagado frente a sus pares, que con 10 años de rodaje en programas similares lograron reposicionar su comercio exterior. "Intentamos ponernos en línea, pero con el espíritu de que no se convierta en una barrera al comercio. Por eso se armonizó el criterio de lo que se entiende por sustentabilidad", dice Romito, quien representa al país en el GMCV y adelanta que, tras la autoevaluación de prácticas, el siguiente paso será "convertir al protocolo en certificable".

De expertos a iniciados

A través de una analogía con el ámbito educativo, Juan Carlos Pina, gerente de Bodegas de Argentina, explica que "ahora empezamos con las bodegas más avanzadas, por decirlo así, las que tienen un posgrado. Después seguiremos por las que tienen que terminar el colegio secundario". En la lista de las que estrenarán protocolo están Catena Zapata, Atamisque, Chandon, La Alborada, Esmeralda, La Añorada, Leoncio Arizu, Nieto Senetiner, Norton y Viña Amalia. Y en espera, hay otras 20.

"Certificamos BPA y queremos ir hacia sustentabilidad. Teniendo en cuenta que llevamos dos años trabajando en acondicionar bodega, procesos laborales e industriales, creo que no nos queda un largo camino por delante", detalla Nora Figueras, de La Añorada, responsable de la primer marca de vino turista puesta en el mercado, Terrenal, del que apuestan a "ampliar el rango de calidad" con el nuevo proceso.

¿Cuáles serían los mercados a abrir con esa llave? Para Figueras, "Europa y EEUU están requiriéndola, y en corto plazo Brasil se va a sumar. Del mismo modo, el futuro del vino está en las grandes cadenas de hoteles, incluidos los cruceros, que exigen este tipo de normativa, de modo que el precio no sea el factor determinante".

Independientemente del tamaño de la empresa, los especialistas destacan por qué certificar suma. "Mejora procesos operativos y el nivel de satisfacción de los clientes, disminuye reclamos, facilita la toma de decisiones y el acceso a nuevos mercados, reduce considerablemente las auditorías externas y los costos", enumera Juan Borda, técnico de IRAM. 
Se trata del primer paso en busca de que la eficiencia se convierta en una norma de calidad y, por ende, valor agregado para la industria vitivinícola argentina. Al menos 10 bodegas ya emprendieron el proceso de cumplir con el llamado Protocolo de Sustentabilidad, una iniciativa con pretensión de transformarse en certificación, un sello distintivo con peso en los mercados mundiales que ya explotan otros países del Grupo Mundial de Comercio del Vino.

Fuente: http://www.losandes.com.ar/notas/2013/11/24/disenan-protocolo-sustentabilidad-para-evaluar-bodegas-751973.asp

Fuente: Area del Vino

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